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¿De qué se trata todo esto?

Psicólogos, psicoterapeutas, psicoanalistas, psiquiatras, psicopedagogos, neurólogos, neuropsiquiatras…Realmente por momentos la lista parece interminable y a veces no hace más que agregar dudas y confusión para alguien que, ante determinadas circunstancias de la vida, necesita recibir ayuda profesional. A esto hay que agregar otra lista, tanto o más extensa que la anterior, si queremos incluir las líneas de trabajo de cada uno, las técnicas que utilizan, o las corrientes filosóficas a las que adhieren.
 
Seguramente, la búsqueda se convertirá en un problema para la persona que no esté interiorizada de algunos detalles del “ambiente psi”, o que no cuente con un amigo, un familiar o un conocido que pueda acercarle algún dato o le de alguna orientación al respecto.
 
Hagamos un pequeño ejercicio: si usted necesita recurrir a un profesional de la salud mental, y empieza a buscar en diversas publicaciones, guías, cartillas de prepagas, Internet, y otras formas de publicidad, se le abrirá un gigantesco abanico de posibilidades entre las cuales deberá elegir la mejor opción. Porque, después de todo, pondrá en manos del profesional nada más y nada menos que su salud.
 
No transcurrirá mucho tiempo antes de que comiencen a aparecer una cantidad de interrogantes:
 
¿Lo que a mí me pasa es para ir a un psicólogo, o debo ir a un psiquiatra?
 
¿El psiquiatra solo medica, o además puede conducir una terapia?
 
¿Qué diferencia hay entre un psicólogo y un psiquiatra?
 
¿Qué diferencia hay entre un psicólogo y un psicoanalista?
 
¿Todos los tratamientos psicoanalíticos duran varios años? ¿Por qué?
     
Y si queremos adentrarnos más aún en ciertas cuestiones:
 
¿Qué diferencias hay entre todas estas corrientes de la psicología?: psicoterapia gestáltica,  terapias cognitivas, terapias conductistas,  psicoterapia transpersonal, terapia neurolinguistica, psicoterapia sistémica, psicoanálisis.
           
¿Qué son las psicoterapias breves? ¿A qué se dedica un psicoanalista?
          
¡Qué diferencias hay entre un psicoanálisis freudiano, uno kleiniano, y otro lacaniano?, et, etc, etc.
 
Lo primero que surge a la vista es que el único caso que no lleva antepuestas las palabras “terapia” o “psicoterapia”, es el psicoanálisis. Y no es un hecho casual, pues no en todos los casos se espera del psicoanálisis solamente un resultado psicoterapéutico. Esto, lejos de suponer que no lo tenga, implica que va más allá de eso, o que su línea de trabajo hace que los resultados no se limiten a lo que se sabe es una psicoterapia. Diríamos que hay un psicoanálisis aplicado a la terapéutica, y un psicoanálisis puro;  esto no significa que se trate de dos formas de entender el psicoanálisis, sino de dos tiempos de un mismo proceso. (Este punto se aclarará más adelante)  

Y todo esto si hablamos solamente de psicoterapias individuales, porque las terapias grupales también poseen su particularidad y sus formas de abordar el trabajo. No es lo mismo el psicodrama que los tratamientos en base a las constelaciones familiares.  
 
A esta altura ya nos encontramos ante una cantidad de datos que difícilmente pueda manejar con claridad quien en ese momento está intentando iniciar un tratamiento. Lo más probable es que llegue a la consulta sin tener demasiado claro ante quien está, ni como conducirá ese profesional el tratamiento psicoterapéutico que está a punto de comenzar.
 
Por supuesto que el paciente posee el derecho de preguntar, al mismo tiempo que el profesional está ante la obligación de responder. Pero lo cierto es que, tanto una cosa como la otra, rara vez ocurren
 
De hecho, hay una serie de interrogantes a los que el paciente tiene derecho a recibir una respuesta clara, solo que por lo general no está enterado, o muchas veces no se atreve. Por ejemplo, donde se recibió (qué institución le otorgó el título habilitante), cuando, a qué corriente adhiere (con qué técnica trabaja), cual es la especialidad, si está matriculado (debe poseer Matrícula Nacional extendida por el Ministerio de Salud de la Nación). Y, si sabe que está ante un psicoanalista, también puede querer saber a qué línea del psicoanálisis responde. Seguramente, estas son cuestiones a las que raramente los pacientes prestan atención, aunque deberían hacerlo.
 
Por último, ¿sabe Ud. que los psicólogos poseen un Código de Ética Profesional al cual deben sujetarse? Este Código delimita no sólo los derechos, sino también las obligaciones de los profesionales de la salud mental.
 
A continuación le ofrecemos una breve orientación que esperamos le resulte útil al momento de tomar una decisión.
 
La información más básica que Ud. debe tener es que, efectivamente, no es lo mismo un psiquiatra, que un neurólogo o un psicólogo.
 
Tanto la psiquiatría como la neurología son ramas de la medicina. Un psiquiatra es un médico que hizo la especialización en psiquiatría; lo mismo el neurólogo, quién se especializó en neurología. Por su parte, el psicólogo hizo la licenciatura en psicología. Las tres son carreras universitarias, pero abordan distintos aspectos relacionados con la salud mental.
 
La psiquiatría se ocupa de las patologías que afectan la vida de relación del sujeto a nivel de la integración que asegura la autonomía y la adaptación a las condiciones de su existencia. Esto significa que si la problemática del sujeto lo lleva a perder su autonomía o su adaptabilidad al medio, pudiendo esta situación llegar a diversos niveles de gravedad, es entonces necesaria la intervención de un psiquiatra para que evalúe la necesidad de una terapia medicamentosa. Algunos índices que nos estarían indicando la necesidad urgente de administrar psicofármacos son, por ejemplo, los cuadros de insomnio severo (estamos hablando de varias noches con sus días sin dormir), la presencia de alucinaciones (llamamos así a la percepción sin objeto, es decir que el sujeto ve, escucha, siente o huele cosas que no existen, a través de alucinaciones auditivas, visuales, táctiles u olfativas respectivamente). En estos casos extremos es evidente la pérdida de la autonomía así como de la capacidad adaptativa, llegando incluso al punto, en casos gravísimos, de perder todo contacto con el medio circundante. Por supuesto, hay cuadros menos severos, donde la intervención del psiquiatra es igualmente pertinente. En muchos casos la prescripción de medicamentos es transitoria, por un corto lapso; en estas ocasiones se suspende progresivamente la medicación una vez superada la crisis. Hay que aclarar que no es conveniente el uso de psicofármacos, salvo en los casos que los profesionales lo consideren necesario.
 

Por último, no tratándose de los casos en que el psiquiatra cuenta con la formación necesaria, no está habilitado para conducir un tratamiento psicológico. Esto no significa que no hable con el paciente, o que el paciente no le cuente sus problemas. Pero el sentido de esta comunicación debería estar orientado al diagnóstico y a la prescripción de la medicación, y no a los fines terapéuticos. Asimismo, es necesario y muy importante que el psicólogo y el psiquiatra trabajen en conjunto, de forma interdisciplinaria, apuntando a lograr los mejores resultados para el paciente.
 
Como mencionamos anteriormente, el neurólogo también es un médico, y posee un objeto de estudio particular, distinto del psiquiatra. Básicamente, tiene por objeto la patología de la vida de relación instrumental, las patologías de las vías y centros de la psicomotricidad constituyentes de los subsistemas funcionales. Esto significa que estudia las afecciones del Sistema Nervioso, atendiendo a las derivaciones que tales afecciones pueden tener en el decurso normal de la vida del sujeto. Por ejemplo, quien padece de epilepsia (consistente en una descarga neuronal anárquica y repentina) debe ser atendido por un neurólogo,  quien seguramente le prescribirá medicación anticonvulsivante, le hará mapeos cerebrales para evaluar el compromiso orgánico, etc. Sintetizando, es necesaria la intervención del neurólogo cuando se vean afectadas las funciones del sistema nervioso: motricidad, memoria, atención, etc.
 
Una carrera relativamente nueva, si se tienen en cuenta los varios siglos de antigüedad que poseen las ya mencionadas, es la psicopedagogía. También cuenta con un objeto de estudio que le es propio, ocupándose fundamentalmente de los problemas de aprendizaje, orientándose a su resolución mediante la utilización de diversas herramientas de trabajo. Precisamente por tratarse de problemas en el aprendizaje, sea por inconvenientes madurativos, de raigambre orgánica, o afectivos, son los niños quienes representan la mayor población de estos profesionales. Sin embargo, no es exclusivamente este grupo etáreo el que puede llegar a consulta sino que, por ejemplo, adultos mayores con sus capacidades disminuidas por múltiples factores pueden recibir tratamiento psicopedagógico y contar con excelentes resultados.
 
Ahora bien, ¿a qué se dedican los psicólogos? Ya vimos que no es una especialidad dentro de la medicina, sino una carrera universitaria con carácter autónomo. Es de conocimiento general que cuando alguien tiene un problema que no puede solucionar por sí mismo, va al psicólogo; y a su vez todos saben que al psicólogo se va a hablar. Muy bien, este puede ser  un punto de partida para entender ciertas cuestiones. En psicología no hay medicación en juego y no hay diagnósticos por imagen, sino que hay un elemento prioritario y fundamental: la palabra. Lo que cada psicólogo haga con ese elemento dependerá de la corriente de pensamiento a la que adhiera, o en todo caso a la técnica que ha decidido utilizar como herramienta. Y esto, tanto para los tratamientos individuales como grupales. Incluso el terapeuta conductista, si bien focaliza en aspectos precisamente conductuales, no es sin el soporte de la palabra que lleva a cabo su técnica. También el profesional dedicado a realizar psicodiagnósticos, por ejemplo, si bien usará una batería de tests para realizar su trabajo, atiende además al componente discursivo dentro de la entrevista.
 
Antes de continuar debemos aclarar que en el caso de los tratamientos psicoterapéuticos con niños, y dado que el aspecto discursivo no está desarrollado acabadamente por cuestiones madurativas, se utilizan otras herramientas como el juego o el dibujo para llevar a cabo el trabajo.
 
Para el psicólogo la palabra es la vía de acceso fundamental hacia el aparato psíquico del paciente. Hay quienes trabajan poniendo el énfasis en el sistema más consciente del sujeto, en aquello que el paciente sabe de sí mismo, de quienes lo rodean, y de las situaciones en las que está inmerso. Desde este punto y a través de las intervenciones, se tiende a lograr modificaciones a corto plazo, focalizando los problemas puntuales, y  centrándose en el aquí y ahora vital. Con ciertas diferencias, algunas sutiles y otras no tanto, en este grupo se alinean los gestálticos, los conductistas, quienes se dedican a las psicoterapias breves, a las terapias focalizadas, etc.
 
El psicoanalista también es licenciado en psicología pero se ha formado en psicoanálisis, y además se ha analizado (es decir que ha sido paciente de otro analista durante un tiempo prolongado).  

Ahora bien, el psicoanálisis, por su parte, posee particularidades que lo diferencian del resto de las corrientes. Por supuesto, la palabra ocupará también el primer plano. Incluso cuando un psicoanalista interpreta un sueño lo que escucha es, precisamente, lo que el paciente tiene para decir de ese sueño. Es sabido y ampliamente difundido que su mayor interés radica en el inconsciente del sujeto, y es precisamente allí donde intenta operar. Este hecho hará que el uso que se hace de la palabra esté guiado por coordenadas distintas. Como todos los psicólogos, recibe a su consulta sujetos que se encuentran en una situación problemática, generalmente cuadros de angustia, o por lo menos de pregunta en relación a la vida que llevan. Cuando una persona se dirige a un psicólogo es porque ha recibido señales de que las cosas no están bien y se ha preguntado cómo hacer para solucionarlas. Es así como suelen llegar los pacientes, y es desde allí que todos comenzamos a trabajar. Desde este criterio, el psicoanalista también es un psicoterapeuta, y el psicoanálisis tiene efectos (resultados) terapéuticos. ¿Dónde radica la diferencia entonces?  Aquí el eje de la cuestión es dónde termina una psicoterapia, y con qué sigue un psicoanalista. Porque una vez resultas, o por lo menos aliviadas, las principales fuentes de angustia del paciente, es decir, una vez trabajados los motivos que han hecho que el paciente venga a la consulta, arribamos a un momento crucial del tratamiento. Es el momento en que nos topamos con un punto en la estructura psíquica, inconsciente, que comanda gran parte del padecimiento. Este punto es particularísimo de cada sujeto, y vérselas con él implica un arduo trabajo. Este hallazgo determinará una instancia de inflexión en el tratamiento y hay allí un umbral a atravesar; y esto en gran medida dependerá de una decisión, más o menos consciente, del paciente. Es aquí donde el tratamiento se interrumpe (y entonces se dará fin a un proceso psicoterapéutico que ha tenido sus resultados) o se continúa con una forma de trabajo a la que llamamos psicoanálisis puro, donde las intervenciones son de más hondo alcance y los resultados de más profunda envergadura.

A esta altura debería quedar más o menos claro que prácticamente todas las ramas de la Psicología son psicoterapias, en tanto tienen por objeto de estudio el psiquismo humano e intervienen en él con el sentido de disminuir el padecimiento subjetivo. A diferencia de éstas, las ramas que se dedican al área laboral o pericial, por ejemplo, si bien tienen por cometido indagar el psiquismo no es sin embargo con fines terapéuticos sino investigativos o diagnósticos.
 
Hemos intentado presentar un esbozo lo más simple posible del panorama representado en los términos Salud Mental.

Lo cierto es que debemos manejarnos en un clima de pluralidad haciendo un ejercicio diario del respeto a la diferencia ya que todos compartimos la preocupación por el sujeto humano y sus padecimientos. Este punto y la Ética Profesional es lo que debe guiar nuestro trabajo, más allá de las diferencias conceptuales, sin hacer de nuestros pensamientos un dogmatismo que solo nos deje encerrados en un estado de necedad.
 
En el CAPS, Espacio de Psicoanálisis, llevamos adelante nuestra labor desde 1997, utilizando como herramienta de trabajo el psicoanálisis aplicado a la terapéutica y, en los casos que así lo permiten, el psicoanálisis puro.
 
Somos la primera institución privada dedicada a la Salud Mental en Lanús, y llevamos ya más de diez años de permanencia gracias al trabajo mancomunado de los profesionales que conforman nuestro equipo clínico.  
 
Desde el momento en que nos propusimos fundar un espacio de asistencia psicológica en Lanús trabajamos anteponiendo la ética profesional, ofreciendo a los pacientes un equipo de psicólogos altamente capacitados, con una amplia trayectoria tanto en el ámbito público como privado, y con muchos años dedicados a la formación. Aún tantos años después de la fundación seguimos haciendo un trabajo silencioso, discreto, pero intenso. Y tal vez sea esto lo que nos mantiene entre las instituciones psicológicas más destacadas de la zona sur del gran buenos aires.
 
Igualmente, sabemos que nos queda mucho por hacer, tenemos pendiente mucho camino por recorrer, y hacia allí nos dirigimos.
 
 
 
 
   
   
   
   
     

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Av. 25 de Mayo 138, Lanús Oeste, Buenos Aires. 4247-0760

 
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